Capitulo 12

Un día decide que las noches ya no daban la talla. Había visto a Andrés salir tantas veces hasta la hora que le diera la gana. ¿Por qué no podía él salir de la jaula, también?
—Ma, voy para una fiesta.
—Bueno papito, se cuida mucho.
Sí, tiene sentido: un hombrecito en entrenamiento, los viernes, las fiestas, las muchachas…
Toma su bulto, se pone las medias con huecos y las tennis rotas. Apaga el tele y cierra la puerta de su cuarto con cuidado. Comienza a caminar lentamente sobre la tablas del suelo. Pasa frente al cuarto de su mamá. Por la puerta entreabierta puede verla, dormida del cansancio, con las noticias de canción de cuna. Justo antes de llegar a la puerta principal en silencio, Andrés sale recién bañado de su cuarto.
—Mae, ¿para dónde va?
—A apagarle la tele a Mami.
—No,no, güevón. Que para dónde va a esta hora.
—Di…una fiesta.
—¡Ah, mae, buenazo! ¿La que va a tener Elena, su compañerilla?
—…No, no me invitaron.
—Ah…¿otra?
—Mae ya me tengo que ir.
—OK,OK,mae. Bueno que esté tuanis. Ahí me cuenta. Yo ahora voy para una, también.
—Tuanis.
20 minutos después Ramón comienza una carrera de obstáculos entre el sonido de chicharras distantes. Se escabulle bajo la cerca, camina sigiliosamente entre los arbustos, se cobija en las sombras de las paredes frías y corre sin hacer un sonido por la plazoleta de fútbol. Por fin, con un suspiro, descubre su objetivo: la piscina de la escuela, que refleja tranquila las estrellas de la noche.
Inmediatamente salta la malla de metal, corre al borde de la piscina, tira el bulto, se quita los zapatos, las medias y la camisa, toma una gran bocanada de aire, y, sin prestar atención a nada más, apunta su salto a la Luna.
Las estrellas bailan merengue con las ondas mientras Ramón flota, pacífico y frágil,en el líquido oscuro.